Cuando te tumbas en Savasana después de una buena clase de yoga, tiendes a sentirte relajado, despreocupado y casi sin peso. El cuerpo está libre de tensiones, la mente está en calma y, de repente, hay más espacio dentro de ti.

Este es el lugar perfecto para continuar con la meditación, o dhyana.

¿Qué es dhyana?

Dhyana es una palabra sánscrita que significa “meditación”. Se deriva de las palabras raíz, dhi, que significa “receptáculo” o “la mente”, y yana, que significa “moverse” o “ir”. Una palabra raíz alternativa, dhyai, significa “pensar en”.

En las tradiciones hindúes derivadas de los Yoga Sutras de Patanjali, dhyana es una práctica meditativa refinada que requiere una profunda concentración mental. Este tipo de meditación sólo se emprende después de realizar ejercicios preparatorios.

Como séptimo miembro de los Ocho Miembros del Yoga de Patanjali, dhyana se basa en las prácticas de asana (postura física), pranayama (control de la respiración), pratyahara (control de los sentidos, desplazando la atención hacia el interior) y dharana (concentración). 

Cuando se practica junto con dharana y el octavo miembro de samadhi (absorción), los tres juntos forman samyama, lo que da como resultado un desprendimiento total de la mente de las ataduras mundanas y una comprensión más profunda del objeto de la meditación. 

En la etapa final, o jhana, de dhyana, el yogui ya no lo ve como una práctica de meditación, pues está tan plenamente inmerso en el acto meditativo que ya no puede separar el yo de él.

La práctica de dhyana

Dhyana implica la concentración y la meditación en un punto de enfoque con la intención de conocer la verdad sobre él. Esta concentración más profunda de la mente es el instrumento de autoconocimiento en el que se puede separar la ilusión de la realidad y, finalmente, alcanzar el objetivo último del yoga: el samadhi (dicha o unión con la fuente).

Según el Yoga Sutra, el propósito de la meditación es interrumpir las fluctuaciones de la actividad mental normal, como el conocimiento sensorial, la memoria y la imaginación.

Todos hemos terminado una clase de yoga y, al tumbarnos en savasana y dejarnos ir, nuestra cabeza empieza a ir y venir de un lado a otro: “uf, todo lo que tengo que hacer cuando llegue a casa”, “que no se me olvide enviar el email esta noche”, “tengo que pasar a por tomates, que no me quedan…”

Como cualquier otra rama del yoga, la meditación es un proceso sistemático en sí mismo, que requiere práctica (¡y paciencia!) para aprender. Es como domesticar a un cachorro que prefiere correr de un lado a otro en lugar de quedarse quieto. Tendrás que entrenar a tu mente para que vuelva a ti cuando se lo digas y para que se quede quieta, aunque sólo sea durante unos segundos.

La meditación para alcanzar Dhyana 

La meditación es el camino hacia el estado de dhyana. A través de la atención plena unipersonal puedes llegar a la conciencia total. Dhyana es el estado de conciencia y autoconciencia.

Dharana requiere disciplina y sistema, requiere esfuerzo, mientras que dhyana es un estado especial de la mente, que llega con el tiempo como fruto del trabajo anterior que hemos realizado con nuestra práctica consistente de meditación.

El estado intermedio entre la práctica de la meditación y dhyana puede entenderse como “mirar dentro del alma”. En la Meditación del Sonido Primordial, Deepak Chopra y David Simon se refieren a este estado como Atma Darshan. El Atman puede describirse como tu yo superior o alma.

En el día a día, el Atma Darshan puede ser un momento en el que entras en un estado cumbre, como cuando el tiempo vuela o cuando sientes que el tiempo se detiene. Por ejemplo, ¿alguna vez has realizado una actividad y estás tan inmerso que no te das cuenta del paso del tiempo? Estás tan concentrado en la actividad que es como si el mundo exterior no existiera (mira qué es el estado de flow). La trascendencia del tiempo es vislumbrar el alma. Una experiencia cumbre es también un momento de perfección, como ver un nacimiento o incluso una transición hacia la muerte.

Este estado de dhyana no es algo que se pueda forzar. Como todo, te llegará con mucha práctica. Lo más importante es que crees tu propio hábito de meditación. Solo con la práctica consistente de los 6 pasos anteriores, un día, dhyana se abrirá ante nosotros.

Cómo hacer meditación

Como hemos visto en Dharana, comenzamos nuestra meditación centrando la mente en un objeto concreto y practicamos la absorción en él. Puedes elegir cualquier objeto que te parezca relevante o que mejor te funcione. Tu objeto de concentración puede ser una parte del cuerpo, un chakra, una persona o un objeto como una flor o una vela.

Luego, prepárate para la parte física de la meditación, que es la base sólida. Cuando empieces, lo ideal es que acabes de hacer alguna práctica de asanas para que tu cuerpo se sienta cómodo para estar completamente quieto durante un rato.

Busca una posición cómoda, ya sea sentado o apoyado en una pared. No te obsesiones con la postura física: cualquier cosa que puedas mantener cómodamente durante mucho tiempo servirá. Asegúrate de que tienes algo de tranquilidad y de que no habrá interrupciones. Empieza con sólo 5 ó 10 minutos cada vez, hasta que te acostumbres

Pasos para meditar:

Mira nuestra Guía: Cómo empezar a meditar

Obstáculos que dificultan la meditación

Probablemente ya hayas aprendido por ti mismo que meditar no es una tarea sencilla. Cuando nos sentamos a meditar, cerramos los ojos y esperamos que ese momento sea relajante, placentero y sencillo. Pero lo cierto es que, sobre todo al principio, puede ser un reto.

No estamos acostumbrados a sentarnos cara a cara con nuestras emociones. Con el tiempo, aprendemos que la meditación es una buena oportunidad para conocernos mejor y para ser conscientes de todo lo que habita escondido en nuestra mente.

Cuando nos sentamos a meditar no sabemos qué obstáculos se nos van a poner delante ese día. Para que estés preparado, aquí te dejamos una lista de los obstáculos más comunes que surgen cuando meditamos.

Conclusión


La meditación liberará el estrés del cuerpo, tu mente se sentirá más tranquila y te sentirás más a gusto en tu vida. Podemos encontrar más tranquilidad en nuestro quehacer diario reconociendo el espacio entre los acontecimientos externos y nuestra reacción a ellos.

A medida que nos escuchamos más a nosotros mismos y nos sentamos en silencio, nos hacemos más conscientes de quiénes somos en realidad. Y esto, por supuesto, es un objetivo maravilloso y hermoso.